domingo, 7 de mayo de 2017

LUISA DE MARILLAC, MUJER DE GRAN CORAZÓN


         Intento pintar, enmarcado en el gran cuadro del Carisma Vicenciano, la figura de una mujer que tiene luz propia: Luisa de Marillac.
        
         Al celebrar los 400 años del nacimiento de este carisma, Luisa puede quedar un poco eclipsada por la figura de Vicente de Paul pero, por algo la Iglesia en la persona del papa bueno san Juan XXIII, nos la presentó como patrona de las obras sociales. Ella jugó un papel importante en el desarrollo de los primeros pasos en las acciones y asociaciones que forman hoy la familia vicenciana.
        
          Nos puede llegar a fascinar la figura de esta mujer seguidora de Jesús de Nazaret que llegó a la plenitud, con sus puntos fuertes y también sus debilidades, y que hoy en nuestro siglo XXI nos sirve de modelo cercano.

¿Quién es Luisa? 

PINCELADAS dibujando el MARCO HISTÓRICO:

Luisa de Marillac vivió en París, es contemporánea de Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV, reyes de Francia en el siglo XVII, mientras en España reinaban Felipe III y Felipe IV.

  • por nacimiento, Luisa pertenecía a una familia de lo más alto de la nobleza, los Marillac. La familia de los Marillac ocupó un lugar importante en el Reino de Francia. Guillermo, el abuelo de Luisa, fue subintendente de finanzas. Su tío y tutor, Miguel, llegará a ser ministro de Justicia con Richelieu. Será destituido después de la jornada de los engaños (journée de dupes) de la que fue uno de los principales instigadores juntamente con su medio hermano el mariscal de Marillac.
  • por matrimonio pertenece a la clase media, la burguesía, se casará con un burgués secretario de la Reina madre.
PINCELADAS remarcando su silueta en FECHAS clave de se VIDA:

1591:
Nace el 12 de agosto. Es una Marillac pero no conoce a su madre. La internan en el convento real de Poissy.
1604:
Muere su padre Luis de Marillac
1612:
Quiere entrar religiosa capuchina, la  rechazan.
1613:
Con 21 años.- el 5 de febrero se casa con Antonio Le Gras.
el 18 de octubre nace su hijo Miguel.
1623:
Iluminación de Pentecostes; el 4 de junio en la Iglesia de San Nicolás des Champs
1625:
Viuda con 34 años .- el 21 de diciembre muere Antonio Le Gras
1628:
Acepta a San Vicente de Paúl como director espiritual.
1629:
San Vicente le manda visitar la Cofradia de la Caridad de Montmirail.
1630:
Llega a Paris Margarita Naseau.
Son arrestados sus tios Luis y Miguel de Marillac que morirán en 1632, uno en la guillotina y otro en la cárcel.
La experiencias vividas entre 1630 y 1633, singularmente las visitas a las Caridades,  fueron perfilando su vocación de servicio a los pobres, se hace presente la luz.
1633:
Febrero, Muere Margarita Naseau.
29 noviembre. Luisa recibe en su casa a las jóvenes que sirven a los pobres. Comienza la comunidad de las Hijas de la Caridad en la parroquia de San Nicolás de Chardonnet.
1646:
Primera aprobación de la Compañía de las Hijas de la Caridad por el Arzobispo Coadjutor de París. Luisa insiste en el nombre de Hijas de la Caridad
1650:
Se casa su hijo Miguel.
1651:
Nace su nieta  Luisa Renata Le Gras
1660:
El 4 de febrero cae enferma de gravedad.
Muere a las 11,30 del 15 de marzo.
1934:
Es proclamada Santa por Pio XI.
1960:
Juan XXIII la declara patrona de los que se dedican a las obras sociales.


PINCELADAS coloreando su crecimiento y desarrollo:

NIÑA  y ADOLESCENTE

      Luisa nace el 12 de agosto de 1591. No conoce a su madre, su padre Luis de Marillac, se casa en segundas nupcias con Antonieta Le Camus, viuda, madre de tres hijos. Luisa ya no tiene cabida en el hogar; es confiada al monasterio real de Poissy, cercano a París, donde las religiosas dominicas educan a jóvenes de la nobleza. Allí hay una tía abuela de la familia que cuida de ella y asume la responsabilidad de modelar su personalidad. Luisa recibe una educación espiritual y humana esmerada; aprende a leer, escribir, pintar,… a conocer a Dios y a orar.

      Luisa crece y se convierte en una adolescente sensible, despierta, culta, pintora, ferviente, espiritual y religiosa.

      Cuando tiene 12 años se muere su padre y le toma como tutor su tío Miguel. Su padre le deja una pensión fija, pero… parece no es suficiente para pagar el convento y la familia decide que termine su adolescencia como pensionista en un hogar de jóvenes en París, dirigido por una “ama de casa hábil y virtuosa”. El modo de vida era muy diferente: este hogar pasa por estrecheces, la señora es pobre. Aquí Luisa descubre la pobreza y aprende todo lo necesario que una mujer debe saber para realizar las labores del hogar, la organización y el arte para estirar una contabilidad pobre en recursos.

     Podemos suponer en su corazón sentimientos de desconcierto y rebeldía al cambio, pero, su educación religiosa le ha marcado y ya desde ahora sabe dar sentido a la dificultad. La aceptación del sufrimiento en su vida lo tomará como ocasión de amar la voluntad de Dios para serle fiel.

      En 1606, Luisa participa en la larga procesión que conduce a las religiosas capuchinas a su nuevo monasterio, en la calle de San Honorato de París. En ella surge el deseo de consagrarse a Dios. Su paso por el convento le había dejado el gusto por la oración y pronto empieza a pensar en ser religiosa en una vida de pobreza y de trabajo manual; así, dejándose llevar de su fervor hace la promesa de ser religiosa capuchina.

SOÑANDO SU FUTURO

Joven, Luisa está soñando en ser religiosa, pero como toda joven del siglo XVII no puede decidir por sí misma; necesita la autorización de su familia y en este momento  el permiso de su tutor. Miguel de Marillac accediendo al interés de Luisa la envía al Provincial de los capuchinos, el Padre de Champigny, el cual le da una negativa a su petición alegando su mala salud. Le dice que “Dios tenía otros designios sobre su persona”. Una respuesta que no esperaba, le causa gran pena y su desconcierto es grande.

Su tutor decide entonces que piense en el matrimonio. La familia le ha buscado futuro, le presentan a Antonio Le Gras.


Novia, no hace falta suponer mucho para imaginar que a Luisa no le fue fácil aceptar los planes de su familia, le buscaron marido y la obligaron a casarse -era lo común entonces-.  

Comienza para ella todo un reto: Enamorarse, amar plenamente a su esposo y vivir la alegría de ser madre.

El 5 de febrero de 1613 el matrimonio se celebra en la Iglesia de San Gervasio de París. Luisa de Marillac se convierte en esposa de Antonio Le Gras, caballerizo del rey, secretario de los encargos de la reina. Como su marido no era más que un simple burgués, Luisa llevará el nombre de Señorita Le Gras, porque la denominación de Madame estaba reservada para las mujeres de la nobleza.

domingo, 23 de abril de 2017

BUSCANDO - PROYECTO PERSONAL DE VICENTE


En el “retrovisor” habíamos dejado al joven gascón Vicente consiguiendo a sus 16 años el título de bachiller en teología. ¿Nos podemos preguntar: quién conduce sus pasos y cuál es su proyecto de vida?

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” dirá el filósofo español José Ortega y Gasset. Así, para entender la vida de Vicente Depaul tendremos que situarnos en sus circunstancias, en su época. De esto, sólo unas pinceladas.

Estamos en un cambio de siglo, del XVI al XVII. Época marcada por las guerras que en tanta pobreza y abandono dejarán a los campesinos franceses. Cuando nace Vicente se están sucediendo “Las guerras de religión”; terminarán con el ascenso al poder de Enrique IV de Borbón que, tras su conversión al catolicismo, promulga en 1598 el “Edicto de Nantes” garantizando una cierta tolerancia religiosa hacia los protestantes. Desde 1610 a 1646 reinará Luis XIII y será famoso su ministro el Cardenal Richelieu, su intervención en la Guerra de los Treinta Años terminará arruinando los dominios e influencia de la Casa de Austria.

En estas circunstancias sociopolíticas encontramos a Vicente, un joven campesino verdaderamente despierto, sus padres, con el sacrificio de todos, han puesto en él sus esperanzas; le favorecen y esperan que su triunfo sea, en el futuro, de gran ayuda para la numerosa familia Depaul. Su buena madre ha sembrado en su corazón el amor a Dios y a los necesitados, le enseñó a rezar y siguió con cariño sus primeros pasos fuera de la granja familiar.

En Tarbes recibe el subdiaconado y el diaconado, y con 19 años, en la colegiata de Bidache, recibe las órdenes menores, que le administra el nuevo obispo de Tarbes, amigo de la familia materna Demorase. Impaciente, Vicente pide y recibe el sacerdocio de manos del obispo de Périgueux, monseñor Francisco de Bourdeilles, el 23 de septiembre de 1600, poco mas tarde celebra su primara misa en Buzet.

Se suceden años de búsqueda:

Vicente, entre 1600 y 1617, se ocupa con todas sus fuerzas en la realización de sus proyectos personales, busca el beneficio eclesiástico y un honesto retiro para ayudar a su familia, pero en esta vertiginosa carrera, Dios tiene sus “sueños” sobre este joven sacerdote y sale a su encuentro.

Hay que reconocer que sus objetivos son entendibles y nobles desde el punto de vista meramente humano, pero limitados y egoístas, sobre todo, si los contrastamos con lo que podemos escuchar de labios de Vicente después de su conversión y llegado a la plenitud de su vida en sus últimos años.

Sus proyectos personales lo llevarán a varios escenarios, su temperamento aventurero le hace infatigable viajero, a caballo, en diligencias, en barco…: de las Landas a Roma, Paris, Marsella,… pero le resultan no muy fructíferos sus esfuerzos:


La lucha perdida por ejecutar su nombramiento como cura de la parroquia de Tilh.

Su búsqueda de una carrera eclesiástica, desde los estudios en Toulouse y más tarde con su primera estancia en Roma, su llegada a París a finales de 1608 después de las promesas incumplidas de Monseñor Montorio en Roma.

La capellanía de la ex-reina Margarita de Valois y la toma de la Abadía de San Leonardo de Chaumes (14 de mayo de 1610)



En ese año de 1610, el 17 de febrero escribía a su madre con estas conmovedoras palabras:

“Madre mía… me resulta penosa por impedirme marchar a devolverle los servicios que le debo; pero espero de la gracia de Dios que él bendecirá mis trabajos y me concederá pronto el medio de obtener un honesto retiro, para emplear el resto de mis días junto a usted… Me gustaría también que mi hermano hiciese estudiar a alguno de mis sobrinos; mis infortunios y el poco servicio que hasta el presente he podido hacer a la casa le podrán quitar acaso la voluntad de ello; pero que se imagine que el presente infortunio puede presuponer una suerte en el porvenir…”

Vicente sigue buscando su proyecto, pero a él le busca el Señor, le acompaña en sus circunstancias, le hace palpar el sufrimiento. Todos estos acontecimientos que está viviendo están haciendo mella en su espíritu. Releamos desde esta óptica lo vivido en esos años que él mismo relatará más tarde a sus compañeros. Son, desde el punto de vista humano, las tragedias de su ambición.

De 1605 a 1608 sufre la cautividad en manos de los turcos. Cuando a comienzos de 1608 nos lo encontramos de nuevo en París, busca un alojamiento y un techo. Sus compatriotas gascones, y sus primeras relaciones entre los grandes, anudadas desde la infancia, le ayudan a encontrar al Padre Bérulle, un hombre muy influyente, tocado de espiritualidad.

Le zarandea un primer tropiezo en la capital. Por desdicha, es injustamente acusado del robo de 400 escudos al juez con el que compartía el alquiler del cuarto donde se aloja. Sufre la calumnia. Semejante prueba le queda grabada y le hace compartir la injusticia padecida a menudo por los débiles.

A esta primera prueba se añade muy pronto la tentación contra la fe. Siendo limosnero menor en la corte de la reina Margot, acude en ayuda de un amigo teólogo lleno de dudas contra la fe. Él le sostiene, le aconseja, le asiste y, como último recurso, se ofrece a Dios como víctima sustitutoria. El Señor le toma la palabra, y durante mucho tiempo nuestro joven sacerdote vive una noche oscura. La tentación duró varios años. Es su crisis espiritual sufrida entre 1611 y 1617. Se vio libre de ella cuando, bajo la inspiración de la gracia, tomó la firme e irrevocable resolución de consagrar toda su vida, por amor de Jesucristo, al servicio de los pobres.

Está de párroco en Clichy y comienza la práctica de la caridad, visitando y consolando a los enfermos del hospital de San Juan de Dios.

A finales de 1613, Berulle invita a Vicente a dejar Clichy e ingresar como preceptor en una de las familias más ilustres de Francia: Los Gondi. Deja la parroquia, para irse a la residencia de los señores, en la calle de Petits Champs, en la parroquia de San Eustaquio. Entra como preceptor de los niños y… aquí nuevamente el Señor sigue buscando a Vicente, se le hace presente en las circunstancias. Ahora tanta comodidad le incomoda.

Acontecimientos que marcan definitivamente la vida de Vicente se suceden en el año 1617.

Corrían los primeros días de enero, cuando la Señora de Gondi, a quien pertenecían las tierras de Folleville, quiso que preceptor de sus hijos le acompañara para visitar sus dominios. Estando allí, Vicente de Paúl fue llamado para asistir a un campesino anciano que se encontraba en su lecho de muerte en el pueblo de Gannes, a unos 13 kilómetros del Castillo de Folleville.

Meses más tarde el 29 de julio Monseñor de Berulle le nombra cura párroco de Chatillón- Les- Dombes. Con presteza, el 1 de agosto Vicente llega para tomar posesión de una Parroquia abandonada.

Podemos concluir diciendo que hemos asistido a la conversión de Vicente. Él perseguía sus sueños y los de su familia, pero en su persecución ha encontrado la infelicidad y el vacío de quien no sabe seguir más que sus propios ideales, siempre insuficientes para ser feliz de espaldas al proyecto de Dios.

Las experiencias vividas como párroco de Folleville y Chatillón en 1617, marcan un antes y un después en la vida de Vicente Depaul.

Las condiciones de vida materiales y espirituales de la población campesina y del clero que la atiende y su propia evolución espiritual, le llevan a dedicar el resto de su vida a la evangelización y redención espiritual y material de los pobres.

Dios sigue teniendo abierto su plan de salvación para los hombres y especialmente para los más desfavorecidos y Vicente será un instrumento en sus manos.

domingo, 9 de abril de 2017

Y, ... ANTES DE .. EN EL RETROVISOR VICENTE DEPAUL, UN GASCÓN: DE NIÑO A JOVEN

Es el año 1581. Las Landes de Gascogne son extensas. En este espacio natural francés es donde se desarrollan los primeros pasos de nuestro protagonista. Cerca de Dax había en el siglo XVI un pequeño pueblo Pouy, allí, en su granja de Ranquines vive la familia Depaul, Juan Depaul y Beltrana Demorase que esperan su tercer hijo. Una mañana de abril, la alegría llena la granja, ¡es un niño precioso! comentan las vecinas.  
Como buenos cristianos, al día siguiente de su nacimiento es bautizado en la iglesia parroquial y le ponen por nombre Vicente.   
Se suceden años felices, el pequeño crece en el ambiente campesino propio de un pueblo, su familia vive del cultivo del mijo y las legumbres, de la leña que recogen en la propiedad comunal, y de la cría de ganado menor; mantienen bueyes para la labranza, algún ganado lanar, y una piara de cerdos que el mismo Vicente tiene que cuidar. Desde pequeños, todos los hermanos, y ya son siete, colaboran en los trabajos de la granja. De mayor en Paris, recordando y sin esconder sus orígenes les dice a sus compañeros: “yo he sido porquero”, recuerda cuando le mandaba su padre ir al molino para moler el grano y cómo algunas veces en el camino se encontraba con otros niños a los que metiendo la mano del saco les daba un puñado; era el germen de la caridad que estaba poniendo raíces en su corazón.
El afecto de sus padres, sus ejemplos de rectitud, el sentido y amor al trabajo, la ayuda a los necesitados y pobres,... es el ambiente familiar en el que crece Vicente y en el que se va forjando su personalidad. Esta familia en su sencillez y pobreza de medios, desea para sus hijos una sólida formación. El padre de Vicente descubre que es un muchacho despierto, destaca y le ofrece la oportunidad de salir de la granja para estudiar.
En  el priorato de Poymartet, a cuatro leguas y media de su casa, donde hacían un alto las peregrinaciones a Santiago de Compostela, está de prior un tío suyo. Con él, su instrucción cristiana se intensifica y se inicia en el aprendizaje del latín. Su inteligencia se despierta. Al verle apto para la reflexión e inclinado hacia lo religioso, se piensa naturalmente en el sacerdocio y, de acuerdo con él, es enviado al colegio que dirigen los franciscanos en la ciudad de Dax, distante apenas seis kilómetros para que realice sus estudios.
Vicente se revela como un excelente estudiante pero no dispone de medios económicos. El Juez de Pouy, señor de Comet, emparentado con su madre, es así mismo abogado en Dax, él apadrina al muchacho proponiéndole ser preceptor de sus hijos. A los quince años, ha completado su curso de secundaria. Estamos en el año 1596.
Al año siguiente puede acceder a la universidad de Touluse gracias a que su padre decide vender una pareja de bueyes para costear sus estudios. Para proseguirlos y no ser más costoso a la familia, busca sus propios recursos, se las ingenia abriendo una pensión de jóvenes en Buzet. En su afán de superación no descarta pasar los pirineos y llegar a la universidad de Zaragoza donde encontramos a Vicente estudiando durante algunos meses.
Este buen gascón ha conseguido ya su título de bachiller en teología, esto lo habilita para enseñar…   
 (continuará)
Sor Presen Urricelqui H.c.

sábado, 1 de abril de 2017

UNA SAGA


         Conocemos las fotos. Y, no porque sean de personajes que salen todos los días en ¡corazón, corazón¡, pero la verdad es que han sido personas de GRAN CORAZÓN, tan grande que producen fascinación, siguen siendo inspiradoras de heroísmo.
Y,... son personas que tienen por lo tanto FANS. Sus seguidores durante mas de 400 años los proclaman y tienen como modelo, porque...

Vicente y Luisa, son los protagonistas de una SAGA, es la SAGA de la Familia Vicenciana.

Vicente de Paúl encontró el sentido de su vida cuando se decidió a amar más a Jesucristo, a imitarle y seguirle más de cerca como evangelizador y servidor de los pobres. Entonces empezó su verdadero camino de donación y su grandeza.

Luisa de Marillac, encontraría la paz de su espíritu y su verdadera vocación cuando el amor que profesaba a Jesucristo crucificado se hizo servicio a los pobres de su tiempo. Una gran mujer. Delicada, sensible, y a la vez fuerte ante el sufrimiento. Asociada con San Vicente fue capaz de dar forma a las inspiraciones del Espíritu y con su entrega y tesón comenzar un nuevo camino en la iglesia para las mujeres consagradas al servicio de los más necesitados. Las Hijas de la Caridad.

La experiencia espiritual de Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, podemos resumirla en un amor apasionado a Cristo y a los más desfavorecidos.

Su modo de entender el Evangelio de Jesús, de vivir la encarnación y seguir haciendo lo que el mismo Jesús hizo en la tierra, “pasó haciendo el bien”, es lo que llamamos CARISMA VICENCIANO. A Vicente y Luisa les deslumbra descubrir las actitudes de Cristo que se encarna para evangelizar y servir a los pobres. Así quieren ellos concretar el seguimiento de Cristo, “hacer lo que el Hijo de Dios hizo en la tierra”, por eso les pedían a las primeras Hijas de la Caridad y Padres Paúles “tenemos que revestirnos de los sentimientos de Cristo” y hablarán de la humildad, la sencillez, la mansedumbre, la dulzura, el respeto y hasta la devoción,.... como señales de identidad vicenciana. Vicencianos para servir.

          Lo que justifica nuestra existencia no es tanto una tarea cuanto una opción de vida por Cristo Evangelizador y servidor de los pobres. “El amor es inventivo hasta el infinito” y por tanto, “allí donde hay una necesidad, tendremos que correr a remediarla como corremos para apagar el fuego...”


jueves, 30 de marzo de 2017

EL CARISMA VICENCIANO



          Para algunos, estas palabras “carisma vicenciano” pueden resultarles un tanto extrañas. No son palabras usadas en el lenguaje de la calle, no las leemos en las grandes pancartas, ni las oímos en los anuncios de la tele. Tampoco las reconoce la ortografía de los modernos ordenadores, te las subraya de rojo para que nos demos cuenta que hemos cometido un “error” o al menos hemos puesto algo “no usual”.  Y...  no usual no quiere decir que no podamos indagar sobre su significado.

Aquí y ahora, en el cole, estamos en el mejor medio para esta primera investigación, es en este marco de la escuela donde es apropiado que nos detengamos para estudiar un poco el significado de estas palabras y más que el significado etimológico: literal o histórico, queremos aprender lo que representan y significan en la vida de hoy para nosotras/os.

Por esto, sin pretender cansarnos, todo lo contrario, vamos a tratar de ver qué significado tienen estas palabras: “carisma vicenciano”.

Usando el diccionario, buscamos la definición:
           
    CARISMA: don espiritual otorgado a grupos o individuos // Fascinación, gran prestigio del que gozan algunas personas.

    VICENCIANO:   No viene en el diccionario.

Fascinación - Don ¿qué asociación o sugerencia nos viene a la mente con estas dos palabras?.

Parece interesante el propio significado de Carisma, nos dice que es o un don o una fascinación que alguna persona tiene. No dice cuál es el don, ni en qué cualidad se basa la fascinación. El carisma no es algo etéreo, hace referencia a personas, por lo tanto tiene que ser de alguien, así que deducimos que la SEGUNDA  palabra es la que le da el valor al don.

Si siguiéramos haciendo clase de lenguaje y nos pidieran hacer un análisis gramatical del título diríamos que carisma es un sustantivo=nombre común y vicenciano es el determinante=adjetivo.

Por lo tanto el adjetivo, vicenciano, nos dice algo del don y la fascinación de esa persona o grupo al qué se refiere este carisma, y esto si que nosotros lo sabemos, viene de VICENTE DE PAUL.

Nos toca ahora investigar quién es Vicente de Paul y qué don recibió para que después de 400 años nosotras/os estemos haciendo referencia a su persona.

jueves, 16 de marzo de 2017

Todo comenzó en Châtillon

En este año 2017 celebramos el 400 aniversario del carisma vicenciano.
Aprovechamos la ocasión para conocer y celebrar la gracia de ser continuadores/as del carisma vicenciano que san Vicente y santa Luisa nos legaron hace 400 años, para hacerlo vida hoy.
Queremos enredarnos por la justicia y por las personas más pobres al estilo vicenciano.